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Historia de dos verdades

Lo que soy y lo que siento. Los propósitos que tengo y que solos bajan peldaño a peldaño sin encontrar la subida. Lo que valgo teniéndolo todo sin poder siquiera rozarlo. Compro y vendo pensamientos, a veces regalo caricias, en ocasiones robo besos, me ofrezco como un chollo y recojo a precio de oro. Consumida en un mundo de consumismo absoluto, sin dinero de por medio, mas pagando el peaje del trueque de sentimientos.

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Mirando dentro II

El tiempo, tan presente siempre en mis relatos; relativo según el prisma con que se mire. Digamos que pasó un año a toda prisa o 365 días ralentizados. Hoy con la perspectiva de mi lado, miro dentro de otros, que siguen allí encerrados.

Desorden en mi mente, en el que colores, tamaños y formas, se juntan formando una mole. Montaña de sensaciones que me llevan al negro y en la oscuridad en que me encuentro, acaricio la hojarasca que en mi mundo me tiene preso.

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Nadie pierde lo que nunca ha tenido

Me cago en el Jingle Bells de los cojones, martilleando sin parar en mi cerebro; sonríe niña, que es tiempo de perdón y de alegría.

La pestilencia del desfase, que no de fiesta, si no de olvido. Tratar de pasar estos días de puntillas y no escuchar sermones de lo que debes hacer y no puedes, de lo que tienes y te han quitado por inconsciente, de que puedes recuperarlo si quieres.

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Tu ojo en mi mano

Perfilando contornos, a la antigua usanza, tirando de sensaciones, sin necesidad de lápiz y papel, me dibujas en tu mente. Formateas a tu modo las curvas de mi cara, adivinas volúmenes, marcas mis puntos fuertes y cuando tienes listo el boceto, desnudas mi cuerpo, para poder seguir descubriendo.

Hurgas en mis entrañas releyendo los espacios en blanco. Donde puse un punto, tú añades la coma, si exclamé a voz en grito, tú terminas interrogando. Cuando aplico la cursiva, tú la negrita resaltas, y si quiero terminar, tú regresas al principio para que mi alma no quede callada.

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Arraigo de amor silenciado

Tiempo indefinido que terminará en el mismo instante en el que vuelva a abrirse la puerta. No hay arena en mi reloj, solo la espera.

Piensa, joder, piensa, no cuentes, concéntrate en cambiar palabras por golpes. Me tienen, lo saben, mi punto débil, el dolor. Imbécil, soy un imbécil, les di la clave cuando acercaron un cigarro a mis ojos y estos reflejaron el terror, entumecidos mis brazos, temblorosos mis labios, incapaces de articular mi inocencia.

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En un metro cuadrado

Como animales aproximándose a su presa, nos fuimos acercando, hasta que yo le llamé cerda y ella zorra me nombró. Olisqueamos el territorio marcado y antes de darnos cuenta ya nos estábamos abrazando.
Aquí os dejo el resultado que el destino unió y quizás la oscuridad separará.
Acompáñame y déjate llevar por Henar de pensandoenlaoscuridad.wordpress.com

Pensando en la oscuridad

Lea todo el prospecto detenidamente antes de empezar a tomar este texto.

Conserve este prospecto. Puede tener que volver a leerlo.

Si tiene alguna duda, consulte a su cerebro.

Este texto no se le ha recetado a Vd. personalmente y puede darlo a otras personas. Puede perjudicarles o quizá gustarles.

Composición.

El principio activo es Margui. Cada párrafo de la derecha contiene parte de su ser. Para saber más visiten su blog: marguimargui.wordpress.com

Los demás componentes son solo uno: yo dejándome llevar por ella.

Posibles efectos secundarios.

Como todos los textos, “En un metro cuadrado” puede tener consecuencias en nuestro organismo, así como sentimientos y sensaciones ajenas. Ocasionalmente, o casi siempre, se han comunicado casos de confusión y cambios en la libido. Es conveniente que vuelva a leer. Estos efectos normalmente desaparecen al continuar con el tratamiento.

Venga, a drogarse, leñes.

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Seis velas para mujer sin edad

Nueve veces llegó el frío, diez veces me consumió el calor. Recuerdos resumidos en bloques de sensaciones, según mi cuerpo empequeñecía tiritando o se expandía en sudor ocupando todo el espacio.

Elegí vivir sumando, fue un proceso de aprendizaje, pues en el comienzo, el símbolo negativo se instauró en mis días y noches. Restaba el olor a ropa limpia, el sabor de la sopa caliente, el sonido de las páginas cuando pasan lentamente, la suavidad de su barba, la intensidad del carmín de sus labios… Cuando ya nada me quedó a lo que aferrarme, quedé sumida en un pozo de variantes que marcaban la rutina de mis días.

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