Hasta el cielo y más allá ¿me quieres?

—Avanza un paso, ha llegado el momento.

—No sé si estoy lista. Quizás deberíamos dejarlo.

—Estoy pegado a ti. A tu espalda. No voy a soltarte. El miedo no entra en nuestros planes.

Su mano me empuja suavemente hasta el borde sin yo oponer resistencia. Nunca he sabido negarme a sus deseos.

La valentía ha brillado por su ausencia a la largo de mi vida. He ido cumpliendo las expectativas de los que me rodeaban, haciéndome sentir útil, indispensable.

Me dejé los cuernos en la misma empresa desde niña, y cuando estos ya no cabían por la puerta, me invitaron a marcharme. Jubilación anticipada lo llamaron. A los cincuenta y cinco, me vi volviendo a casa con un cheque en la mano, sin saber que iba a hacer con el espacio que quedaba vacío de nueve a seis. Guardé el talón entre las medias y seguí saliendo a la hora de siempre, recorriendo el mismo trayecto en metro y quedándome en el banco a los pies de mi oficina, por el que tantas veces pasé y en el que nunca me había sentado.

Confesé in extremis cuando el dinero dejó de llegar a la cuenta.

Comprensivo, como siempre, me animó alentándome a que siguiera saliendo a diario y no volviera hasta después de comer. Él se encargaría de todo en casa, igual que hasta ahora.

Me cuidó todas las veces que enfermé, apostado a los pies de la cama, y en mi delirio por las fiebres, me cogía la mano para animarme a seguir tomando las vitaminas que me habían recetado. Él aseguraba que las defensas me habían abandonado, pero al llegar al hospital terminaba recuperándome milagrosamente. Tienes más vidas que un gato, me decía sonriendo siempre.

Cuando notó que el hastío de andar deambulando por las calles se me hizo insoportable y empecé a volver a casa antes de tiempo, casi me obligó a hacer una lista de cosas que quisiera hacer. Atento como ninguno, me ayudó a redactarla y empecé a cumplirlas tachándolas del calendario a mi regreso. Él iba seleccionándolas para que fueran más de mi agrado y darme la independencia que necesitaba. Aseguraba que sola las disfrutaría más.

Viajé a Japón, y en tres semanas, apenas salí del hotel por si no era capaz de regresar. Hice un master en Barcelona y pasé los días de la facultad al apartamento para poder estudiar.

Los deseos terminaron y anotó una última cosa. Esta vez vendría conmigo. No quería contrariarle. Con todo lo que había hecho por mí. Me enseñó el título de instructor para que no me preocupase.

Por más años que pasen, nunca llegamos a conocer de lleno a la persona que amamos. Surgen cosas del pasado, como que en su juventud hizo paracaidismo y nunca me lo contó.

Me aterrorizaba saltar al vacío, pero complacerle era mi mayor prioridad. Lo haremos en el Amazonas, me dijo. Me quedé paralizada, pero me fue convenciendo, enseñándome postales y diciéndome que no había nada más romántico que volar sobre aquellos parajes.

El aire entra con fuerza por la compuerta de la avioneta y bloquea mis sentidos. Agarrada al arco metálico intento retroceder. Él impide que me mueva. Giro levemente la cabeza y encuentro su mirada asqueada. Me doy la vuelta del todo, para intentar comprender. Su cara se transforma en odio y agarrándome por los hombros me lleva hasta el borde del precipicio. Doy un traspiés y pierdo el poco equilibrio que me queda. Me suelta dándome un empujón. Lo último que veo es el alivio que dejo en su rosto al yo empezar a caer.

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95 comentarios en “Hasta el cielo y más allá ¿me quieres?

  1. Si es que era muuu cansina, muuu cansina. Al final tuvo lo que ansiaba la libertad del volar sola, lástima que antes no hubiera aprendido a aterrizar de pie como los gatos. 😉
    Ya sabes lo que dicen, que lo poco agrada y lo mucho enfada, al final el pobre hombre se enfado, era de esperar. 🙂

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      1. No, no. No tiene nada que ver que sea hombre o mujer. Podría haber sido al revés perfectamente. Solo es cuestión de que uno vivía tan a gusto a su bola y cuando la cosa cambió y se vio obligado a compartir más, decidió apartar lo que le molestaba para quedarse con el resto. No fue un arranque..,fue un plan perfecto
        (Seguramente no lo conté bien)

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      2. Ya, ahora entiendo el punto que has querido darle. Pensé que iba por el lado contrario, que ella se había acostumbrado a estar fuera de casa (por trabajo) que cuando se quedo en el paro, la casa se le echaba encima, él la animaba a que hiciera cosas, pero ella quería hacerlas sola. Y él se harto de estar para ella y ella darle de lado. Quizás yo lo he entendido mal. 🙂

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  2. Sorprendente final, Pero no por ello lógico y seguramente habitual.
    Por eso yo siempre intento llenar mi vida con aquello que me atrae, sin dar tiempo a que, si lo dejo de hacer, luego tal vez sea demasiado tarde.
    Solo un cosa es incierta: el tiempo que tenemos de vida.
    Mientras una cosa es segura: moriremos.
    Mejor llevarse las alforjas bien llenas.
    Vamos, esa es mi humilde opinión.

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    1. Totalmente de acuerdo. Ella vivía para él, sin ver más allá de lo que ocurría y él no la quería a su lado, más perder la comodidad no entraba en sus planes.
      Mejor abandonar, aunque sea con las manos vacías, pero vivir con y como quieras, que nunca se sabe dónde está el final
      Besos 💋💋

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      1. Es el día a día de muchas parejas que no dan el paso… en este caso además hay uno que vive en la parra… también he conocido muchos casos en los que uno estaba tan feliz y conforme, y el otro llevaba 2 años pegándosela.

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  3. A mi me parece que es un egoiston de tomo y lomo. Que ella es un poco pesadita, vale, pero de ahí a matarla para seguir con su vida. Que la hubiera abandonado al principio y listo, pero ¡claro! se vive muy bien del cuento.
    Besetes, mi Lan.

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  4. Que razón tienes cuando dices que nunca terminamos de conocer a la persona con la que vivimos pero no imaginaba el final del relato de una manera tan contundente. Me pregunto “por qué”, ya que el “para qué” lo tengo claro, la jugosa pasta de la indemnización incluso algún seguro de vida que cobrar. Aunque con todo lo que sale en la tele no hay que descartar que al final el poli listo le pille porque habrá dejado algún cabo suelto. Volviendo al por qué, con lo fácil que hubiera sido dar puerta a la mujer, aunque para eso hace falta tener las ideas claras y ser un hombre valiente. Me temo que la valentía brilla por su ausencia en este relato. Da penilla tu protagonista, lo de estar en Japón y no salir del hotel me ha chafado. En el fondo todos somos corresponsables de nuestra propia (in)felicidad. En cuanto al relato como tal, me parece sencillamente brillante. Un abrazo Margui.

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    1. Irse sin nada dejó de ser una opción para él. Incluso, fíjate, creyó que tenía derecho por haber soportado a esa mujer.
      Los dos dan una pena terrible. Ella por ser tan chiquitita, no saber disfrutar, ni tener ilusiones. Él porque la comodidad y el bienestar pasaron por encima de lo que realmente quería.
      Ella, al final, vivía en su mundo y su mentira.
      Pero a él se le fue tragando la amargura y el egoísmo.

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  5. Tienes una particular forma de mezclar egoísmo y generosidad en seres que no son no blancos ni negros.
    El final me lo esperaba desde la intencionada pista del hospital. eres la leche. Tú me has llevado al borde del abismo sabiendo que me ibas a tirar. Y que yo sabía que lo ibas a hacer.

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    1. Todo parece ir bien hasta que la rutina se rompe y lo estipulado por el paso del tiempo se va al traste. Lo malo es que el egoísmo de no querer perder comodidades nos hace tomar decisiones extremas.
      Besazos y gracias por tus palabras y más por las rosas
      💋💋💋❤️❤️

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  6. La realidad hastía… Habría que inventar un club de paracaidismo terapéutico; no quedarían espaldas por empujar, ¡¡mamma mía! 😉 (pero los psicólogos y psiquiatras morirían de hambre. No, mejor no).
    Romeo y Julieta murieron por amor; otros, por ciegos. En fin… aplaudiéndote aquí, tardé en llegar pero al menos voy tomando ritmo. Como tortuga me acerco… bendita paciencia! jajaja
    Abrazossss

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    1. La ceguera nos hace vivir en una realidad paralela. Los empujones en la espalda son más habituales de lo que pensamos, aunque no sean físicos. Patada en el culo cuando ya tienen el futuro atado.
      Morir de amor es algo de otro siglo…
      Pocket lleva el ritmo que te de la gana!!!!
      💋💋💋

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  7. Nunca continuar una relación con rencillas. Estas se van acumulando en el tiempo ¿y quien sabe?…¿Tiene sentido vivir con otro sin perdonarle sus errores? ¿tiene sentido ir acumulando odio e hipocresía a mares para que un día estalle por los aires?.
    Es un texto muy bueno, Margui…con un final que me dejo la piel helada.

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    1. Nada tiene sentido, solo son decisiones que tomamos o más bien las que no tenemos huevos de tomar y dejamos que pase el tiempo para ver si cambian las cosas.
      También está la comodidad de por medio y el sentirse a salvo y acompañado…
      Que difícil niña esto de relacionarse ❤️

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