Odio escocido de amor olvidado

Una desazón corroe mis zonas bajas descontrolando la dirección de mis dedos.

Mis pequeñas han vuelto a casa y yo sin nada en la nevera y ni una manta para darles calor.

Que recuerdos cuando las criaba entre mis piernas balanceándose juguetonas sin parar un solo instante de recorrer mis labios.

Relación amor odio diría yo.

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Promesas trenzadas en veinticuatro horas

Mi hombro dispuesto a devorar las veinticuatro horas que el tesón de mi insistencia consiguieron.

Los primeros rayos iluminan el muro casi interminable de Dña. Marta y el piloto rojo de mi cámara lo atrapa silencioso, porque ni los pájaros se atreven a atravesarlo.

Recorro la pared de piedra sin perder nunca su contacto.

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Versión de un reflejo de mí misma.

La humedad, disfrazada de pintura resquebrajada, entumece los recuerdos de lo que un día fue, y hoy, cerrado a cal y canto, permanece en el olvido. Las termitas se han instalado a su antojo y el olor a rancio emborrona el clamor de los aplausos que me calaron los huesos cuando un día os hice libres.

Candados fijando puertas de un teatro desvencijado; condenado al olvido. Años paseando por delante los porqués de quedarme callada, de no atravesar sus ventanas. Arrepentida de consentir que hicieran con vosotros lo que quisieran. Enfadada conmigo misma por no escuchar vuestras quejas.

En sesión privada, con la ruina haciendo mella, vengo a rendíos cuentas.

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Universos deshechados con mi mundo en la entrepierna

Era tan feliz en los 90. Desde mi ventana respiraba la ebullición que por las calles corría. Chatarreros a los que todo les valía, tapiceros que sin tela se mostraban, afiladores silbando en mi oído, que dejarían a punto sus armas sobre mi mesa. Los fruteros, en las aceras, me enseñaban el dulzor de sus promesas y butaneros que solo con ver mi mano, subían al cuarto piso cargados de calor, con mi puerta siempre abierta.
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Hoy es el día

Y con el fin empiezo, terrible disyuntiva de quien vuelve siempre al principio. Aquí me quedo por mis cojones o porque no tengo más remedio.

Los créditos van saliendo con mi cuerpo tirado en el suelo, sabor a hierro en mi boca, mis ojos aún abiertos. ¿Quién contará mi historia, si ni yo misma la recuerdo?.

En lo que dura un segundo tuve tiempo de volar, en medio de un alarido sintiendo el impacto en mi cuerpo antes de llegar al suelo. Después, todo se hizo silencio.

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