Resistir en el abandono, arremetiendo con fuerza

Me resistí, intenté convencer al resto para que no abandonaran el cuerpo que les albergaba. Era duro luchar contra corriente, lo sé, pero qué nos quedaría si nos rendíamos. ¿Deambular en busca de alguien que quisiera acogernos? No es fácil que otros quieran quedarse con lo que se ha desechado.

Busqué a ciegas los lugares clave en los que siempre me respondía. En soledad recorrí sus rincones, pulsé sus teclas para hacerle reaccionar. Repetí las tácticas que tantas veces me habían hecho triunfar, haciendo que la pasión se desbocara y el amor le llevara al desenfreno. Ni un músculo se le movió, ni un gesto que me alentara a continuar con la incitación.

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Masticando un mal bocado que se quedó entre los dientes

Carnívora por convicción, después de haberlo probado todo, me deleito con el primer bocado de cualquier manjar que se me ponga por delante. Los primeros jugos, al hincarle el diente, resbalan por mis labios disfrutando del reguero que van dejando.

Aseguro firmemente a la víctima para que no escape y me doy el gusto de observarla, mientras espera resignada a que mi boca culmine su mal trago.

Reprimo mis instintos controlando el apetito voraz que su olor me inspira. Me concentro en cada punto de ataque para alargar el placer, y como buena gourmet, inspecciono sus relieves, para comprobar su buen estado.

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Desviada del rumbo que marcará su destino

De bote en bote estaba el andén y ya con la piel ajada y las carnes descolgadas de tanto botar, llegué hasta el borde señalado por donde el tren ha de pasar.

Aún tengo en la memoria la tersura que recubría un interior firme y prieto. La seguridad del retroceso al impactar con el suelo, me hace temblar de placer al recordarlo.

No dudaba al golpear, ni fallaba en el sitio exacto a donde quería llegar. Al milímetro medía mis pasos y si al final no encontraba lo que andaba buscando, regresaba para comenzar con más fuerza hasta dar con el final deseado.

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Detalles podridos que viven amontonados

Y digo yo, que una montaña de mierda repartida entre paredes, puede quedar hasta mona, aunque sea maloliente.

Siempre se dejan algo antes de que yo llegue. Detalles ínfimos, un olor, un resquicio al que asomarse, una grieta a la que agarrarse.

No escuchan lo que tienen delante, no se dejan llevar por la escena. Miran en una dimensión recogiendo pruebas, para que el horror no los atrape.

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