Hago luego pienso

Y que siempre me lance al vacío sin pensar que tal vez haga frío, y ahora que, y tu sin venir, y la llave, ayyyy, la llave, tan lejos la veo que casi ni la veo y tan cerca a la vez que podría rozarla con los pies. Atrapada por mi misma, amarrada, en qué pensaba que la razón se nubló y ya no hubo tiempo de nada. Que todo lo hago igual, que hago, luego pienso; luego de después, no de entonces.. si después siempre, tarde siempre, y así me veo…

El teléfono que suena, y parece que riera, serás tu que te retrasas o tal vez que nunca vengas, y si nadie me echa de menos y si la muerte me espera sin poder probar tu veneno que me mata por momentos, esposada al cabecero…

si quieres mas…

Lo que me corre por dentro

De ratas que buscan la mierda tengo mi cuerpo repleto y en hormigueo incesante me recorren por completo.
Podrida me siento, y mi carne putrefacta va dejando un reguero de miradas cuando a la calle salgo en busca de sexo.
Mi cabeza dice basta. Arremeto contra mí misma en una lucha incesante entre lo que pienso y lo que siento. Lucho por no volver a caer, por mantenerme limpia. Peleo contra el deseo que me invade y la necesidad de buscar el placer que me enloquece por momentos.
si quieres mas…

Tu me encajas

 

En cajas guardadas tengo las esperas de mi almohada, derramadas por mi cuerpo, impacientes por ser abiertas, tu regreso ellas aguardan.

En resumen fue nuestro amor, que de tanta pasión encendida, resumido quedó a cenizas. Un capítulo de vida, que digo capítulo, página sobrecogida, que estoy diciendo, si fue párrafo sin medida, los recuerdos se me entremezclan y he perdido el marcador del verso que me encendía… TU ME ENCAJAS….

si quieres mas…

Como yo amo

Putas mariposas en mi estómago volando, me susurran miles de voces que es necesario sentirlas, para estar enamorado. Es que acaso soy yo una flor para que me anden libando.

Esperando con cierto acojone media vida me he pasado, pensando en miles de insectos en mi revoloteando.

Si el Ipod está apagado y el plato desenchufado, que infernal música escuchan si respiran a su lado.

Dichosas campanillas dicen estar escuchando como si en un cuento de mundos perdidos estuvieran con Peter Pan roneando.

Y que hay de las condenadas estrellas que se ven sin estar soñando, que se agolpan ante sus ojos aún si el día está nublado.

Puñeteras nubes que flotan allá en lo alto a las que dicen que hay que subir para sentir al amado. ¿Nadie en el mundo ha pensado en el hostiazo que hay desde el cielo hasta aquí abajo?

De hostias en mi vida el saco ya he llenado, sin hacerme falta andar por las alturas jugando.

Amo… si… amo sin imágenes que confundan mi destino. Amo conmigo misma, con mis manos cuando acarician sus labios y pellizcan sus mejillas; amo, si, con mi lengua que se introduce en su boca seduciendo los sentidos del dueño que me provoca. Mis pechos aman descontrolados volviéndose rocas furiosas cuando los rozan sus manos. Amo con mi sexo desbocado que hambriento de ternura se entrega sin pedir nada a cambio.

Con el corazón respiro, con el pensamiento sueño y amar… amar solo puedo amar con mi cuerpo.

Musica en mis oidos

pentagrama

Su nombre. Su nombre he vuelto a ver, su nombre con grandes letras, su nombre escrito en cursiva, su nombre en la cartelera.

La H de inicio que aunque sonido no tenga, protege al resto de letras, amurallándola entera.

Los recuerdos me golpean y en fotogramas me llegan. Dónde mierdas he metido la condenada cartera.

Misma sala, misma hora, mismo público a la espera. En la oscuridad busco mi sitio; el mismo de aquella noche certera.

La soledad del recinto me embarga y me embelesa y con la música de inicio los ojos se me entrecierran. Que gilipollez más grande, tontería de las buenas, pensar que va a repetirse de nuevo la misma escena.

Las secuencias van pasando y voy desistiendo en la espera, que dan paso a la tensión que se inocula en mis venas.

Agarrotada por un fin que ya está cerca. Lo tengo, sí, mis manos lo están rozando, sí, mis sentidos están alerta; ya llega. Qué placer saber el instante en que las historias confluyen en orgasmo delirante.

La música del relajo se introduce en mis oídos, mas pareciera que es mi piel la que escucha, que las notas van entrando por mis poros recorriéndome entera.

Por mi cuerpo van bailando el Mi y el Fa del contrabajo, destensando mis tendones, cuando a la oreja van llegando.

El Do inicia un susurro que me dice suave y claro —cuanto tiempo esperando, cuantas películas vistas, hasta volver a tu lado.

Sus manos como violines, en Re rodean mi cuello, para atrapar a Sol, entre mis pechos sedientos.

Desabrochan las corcheas con las blancas a los lados, para dar tiempo a que lleguen las negras, humedeciendo todo a su paso.

Las percusiones se abren camino, con el La de la lengua acechando. Su cuerpo desde atrás por el mío se va deslizando, hasta llegar a mi ombligo, que los timbales está tocando.

Tu boca pide más notas y en el pentagrama tu lengua con dulzura las va pintando.

Silencio, se hace el silencio, y la voz de la soprano inicia su canto en lamentos. Los agudos ya están arriba y el aire se va consumiendo. Ya llega a su fin el drama; él se gira en su butaca y busca su final perfecto. La clave en que quiere, juntar todos los instrumentos.

Mi partitura está abierta y su cuerpo ya está dentro. Deleitándose en las notas, apurando las cadencias, saltándose intervalos, para poder llegar a tiempo.

Tenor y soprano se unen en desgarrador final. Sin aplausos ni ovaciones. Solo se oye su aliento, acariciando el mismo compás.

—Cuán larga se me hizo la espera, buscándote en los estrenos.

—Volveré si Henar nos quiere, mostrar su peli de nuevo.

 

 

 

Segundos de vida

Derritiéndose tus manos en mis entrañas saladas, estaba yo hace ya un año, con mis piernas atrancadas. Atrancadas, si a tu cuerpo, que anclado en mi pecho tornaba. Tornaba, si tornaba mi turbio semblante para aplastarlo en la almohada. Almohada, si almohada que muerdo fuerte cuando tu sexo me atrapa. Me atrapa, si me atrapa ahogando mi aliento que entre algodones traspasa. Traspasa, si traspasa el umbral de mi carne, que abierta a ti se desarma. Se desarma, si se desarma ante embestidas, tu cuerpo contra mi espalda. Mi espalda, si mi espalda arquea en lamentos lo que mi boca se calla, porque ni aire ya tengo, porque mi vida se acaba, porque me robas segundos cada vez que me avasallas. No sueltes el ancla mi vida, si mi vida, que a la deriva me envías si me derramas tus armas. Me derramas, si …. Me la alargas….. si….. mi vida contra la tuya anclado siempre a mi espalda

Manos Traicioneras

La pantalla, un teclado, que busca de mis palabras, reclamando algún relato.

Que quieres de mí, desalmado, si mis ojos han quedado fijos y mi cuerpo acalorado.

No puedo apartar la secuencia, se repite en mi memoria, sin principio ni final, contando la misma historia.

Las manos, necesito las manos, ¿dónde se habrán metido? No puedo ver mis anillos, ni mis dedos afilados. ¿Habrán tomado las riendas de mis pensamientos impíos? ¿Por qué me abandonáis ahora? Que mis sentidos se agolpan en contar mis desatinos.

Las siento, se que están conmigo traicionando mis delirios y me llevan con vida propia hacia mis otros destinos.

Mi cuerpo, mi cuerpo se entrega a ellas a ciegas en el camino, y se dirigen certeras sabiendo cual es su sitio, que rincón las necesita, que en entre telas se esconde, que las llama entre alaridos, que precisa su presencia, que es su hogar para el alivio.

Mi centro, mi centro las recibe en llanto por la espera que ha sufrido, y las lágrimas derraman el deseo contenido.

Mis caderas, mis caderas acompañan la visita hacia el pasillo, dejando la puerta abierta por si llega algún vecino.

Mis piernas, mis piernas dan un portazo, cierran filas al cotillo, solo quieren estar a solas, solas en desvarío, solas sintiendo las horas, solas acariciando segundos, solas esperando el momento, a solas con todo mi cuerpo.

La partida es inminente, la despedida se acerca, los suspiros por la marcha se aceleran y dan rienda a los jadeos que sin descanso me acechan.

Mi cuerpo, mi centro, mis caderas y mis piernas se despiden hasta pronto de mis manos traicioneras.

 

 

 

 

 

Desencuentros inesperados

Ya estoy cerca, estoy llegando, a lo lejos puedo verle, será él o será el de al lado.

Busco mi mejor sonrisa, la que delante del espejo practico para momentos señalados. Ya lo tengo enfrente mía, y cuando mis labios se acercan a besar lo deseado, siento una mano en mi espalda, que anuncia la despedida, de aquel varón tan gallardo.

Girándome sobre mis pies a su altura me he quedado, a su altura ni mas ni menos, y siendo yo mujer pequeña, no muy alto hemos llegado.

Ya estamos dentro, que nervios siento ante lo desconocido, no tanto por mi pareja, si mucho por el recinto.

Las miradas se entrecruzan en mil direcciones, entorpeciendo cualquier conversación posible. Nadie quiere cruzar palabra, nadie quiere conocerse, solo que llegue el momento de callarse para siempre.

Con lo caliente que estaba de pensar en el idilio, como un tempano me encuentro a la altura del chiquillo.

Buscando el cuarto de baño, me topé con una escalera, e intrigada fui bajando, adentrándome en una luz tenue a la que mis ojos se acostumbraron rápido.

A mi nariz llegaron olores conocidos en mi mente, olores de pieles desnudas y humedades subyacentes.

A mis oídos gemidos en coro, en coro de mucha gente. En toda la sala sonaba la misma canción de pasiones atrayentes.

Cuerpos enlazados en hilera, se presentan ante mi, a la perfección encajados sin principio ni sin fin.

Ensimismada me encuentro de admirar tan bello cuadro, que no me percato que tengo el cuerpo lleno de manos. Solo acierto a darme cuenta cuando por mis piernas resbalan los diluvios del descaro.

Siento una vibración por debajo de mi ropa, es el móvil que me anuncia, que el chiquillo me anda buscando. Acierto a cogerlo entre manos y a escribir en el teclado “espera un poquito más, que el baño está atestado”. Intento volver a guardarlo mas mis bolsillos, quedan lejos del lugar recordado; esparcidas por el suelo quedan las telas que me cubrían, los dedos traicioneros buscan cobijo en mi cuerpo. Entran en juego las lenguas, que impacientes ante el hallazgo, se ocultan entre mis piernas. Todas quieren llegar, luchan por sentir mis labios, se agolpan ante la entrada y se acarician saboreando. El móvil sigue vibrando, “te has perdido…” “no, los labios me estoy pintando”…. No puedo mas, me deshago, mis piernas no pueden tenerme, me dejo caer muy despacio… el móvil sigue vibrando….

_ ¿Qué quieres hacer ahora? Dice el chiquillo entre labios

_ Quiero volver a mi casa y otro día lo pensamos