Destino a corto plazo

Más me hubiera valido que me vendieras al mejor postor, a que me regalaras en pro de la causa que teníamos perdida antes de empezar.

Al menos, con el estómago lleno y los bolsillos repletos, sería tomado en cuenta para no acabar tirado en cualquier cañería, mezclado con la mierda que busca salida por las alcantarillas.

Decidiste mi destino y, conmigo en brazos, saltaste al abismo sabiendo que yo solo no podría regresar al hogar. Buscaste un sitio seguro, bien oculto en la maleza, con la oscuridad justa para que no pudieran encontrarme y que, aunque la humedad llegara de vez en cuando, pudiera jugar a mi antojo sin salirme de los límites marcados.

Te aseguraste de que no pudiera seguirte en tu regreso a casa, dejándome bien pegado a unas raíces que sobresalían del suelo.

Te perdí de vista en un instante, pues la maraña era demasiado espesa. Mis piernas no respondieron a mis súplicas de forzar la huida, pues aún eran demasiado pequeñas para poder dar un paso.

Grité, elevando los brazos, para ver si había alguien más en aquella selva desconocida. El eco de mi desesperación volvió a mí en forma de susurros pidiéndome que me callase, que tuviera paciencia o despertaría al monstruo antes de que la batalla empezase.

Pasaron tres días con sus lunas y sus soles y, poco a poco, cogí fuerzas para salir de mi escondite. Mis ojos se acostumbraron a las tinieblas y comencé a ver mas allá de mi nariz. No estaba tan solo como creía. Las voces que entre sombras me llegaban, empezaron a tomar forma y vi que había más en mi misma situación.

Algunos, ya adultos, alimentaban a los más pequeños para que no murieran de inanición. Otros comenzaban a hacer corrillos, debatiendo la mejor forma para resistir el ataque. Yo, ignorante, les escuchaba haciendo ver que sabía de lo que hablaban.

—Tenemos que desplegarnos, repartirnos, ocupar todo el espacio para que el enemigo se vuelva loco y no sepa por dónde empezar —decían unos intentando convencer a los demás.

—Lo mejor es mantenernos unidos, juntos, amontonados; es la única forma de que alguno pueda salvarse —afirmaban otros, seguros de que su opción era la mejor.

La discusión subió de tono y de las palabras pasamos a los empujones. Se unieron a la pelea los que hasta ahora se habían mantenido al margen y, en medio de puñetazos y revolcones, comenzaron las carreras.

No lo vimos venir, perdimos el control de la situación, cuando de pronto y sin esperarlo, cinco mástiles afilados comenzaron a arrasar todo a su paso. Corrimos para no ser aplastados quedando desperdigados; intentamos zafarnos de los dientes encarnados que rasgaban el suelo por donde pisábamos. Solo, sin aliento, llegué al límite donde el ramaje terminaba, no podía pasar de allí o quedaría expuesto al peligro, a la vista del gigante. Vi una grieta a los lejos, pero debía atravesar una zona árida, sonrosada, casi desértica. Reuní el valor para atravesarla y a toda velocidad me escondí en una pequeña cavidad en la que no tenía nada a lo que agarrarme. Me quedé recostado en un saliente, soportando el temblor y las vibraciones de los gritos ocasionaban. Todo a mi alrededor resonaba multiplicado por mil y retumbaba cual tambor en un incesante golpear.

De repente, una resina comenzó a cubrirlo todo, ahogando cualquier vida que pudiera quedar. El olor era insoportable. Mis ojos enrojecieron. Mi garganta se cerró no dejando pasar el aire, mas el líquido asesino no llegó a rozarme.

Tras unos minutos a la espera, unas púas como alfileres recorrieron milimétricamente la debacle y yo, desde mi escondrijo, observé boquiabierto como los muertos iban siendo retirados. Me mantuve en silencio y sin moverme cuando el agua y el jabón dieron por terminada la acción. El secador me volvió la cabeza del revés con su rugir, mas el oxigeno renovado me dio esperanzas para seguir en pie.

Mis seis patas recobraron su movimiento. Cuando el relajo llegó acompañado del silencio, el suelo dejó de temblar y empecé a caminar hacia mi hogar devastado.

Ni una voz, ni un lamento. Busqué bajo la caspa arrancada algún resquicio de vida. Los muertos se contaban por cientos, mas no encontraba sus cuerpos que afirmasen que estaba en lo cierto. Me di de bruces con alguna liendre, que agonizante, yacía despegándose del cabello. Intenté reanimarla, pero todo mi esfuerzo fue en vano.

Debo vaciar mi mente de la rabia y el rencor que la atormenta y recordar las palabras que mi madre me dijo antes de marcharse.

—Nuestra vida es efímera. Aguanta los envites que te esperan en cuarenta días. Tu único propósito es procrear para que nuestro ser no se extinga. No desesperes, no te entretengas en minucias. Allana el camino a los que vendrán y, con un poco de suerte, el mundo será nuestro y podremos gobernar.

Estoy listo para volver a empezar, pues siendo piojo, no me queda otra que luchar.

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92 comentarios en “Destino a corto plazo

      1. Yo siempre estoy por aquí, leyéndolo todo, aunque a veces salga de mis sombras para que sepais que lo que huele mal debajo de la cama desde luego no es mi cadaver así que manos a la obra y pegadle un repaso a la dyson 😛

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  1. ¡NO! ¿Por qué me haces esto? Ahora me pica la cabeza 😦
    Muy bueno, Margui, la frase inicial es muy potente. El resto lo he ido leyendo casi sin respirar, hasta que me he dado cuenta de sobre qué iba y me han salido mis instintos más asesinos… qué pesadilla son, por favor. Bueno, también me has sacado una sonrisa 😉
    Besos y buen día 🙂

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  2. Qué grande eres , Margui!! es un relato buenísimo, el giro argumental al final es brillante!!! 🙂 me ha encantado!!
    Put** piojos, que quieren gobernar el mundo. Cuando aparecen en una de las cabezas de mi clase y a tiemblo jajajaja (más bien, empiezo a rascarme como una posesa!!!!) jajajajaja
    Besazo, compa!! 🙂

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      1. A mí me pasa igual, precisamente a los que más os sigo no me aparecen en el lector y hoy he estado dando al botón de seguir a un montón de blogs que ya seguía, pero se había borrado el “seguimiento”(serán los piojos que nos quieren manipular)☺️😚😚

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  3. Ando rascándome la cabeza por tu culpa, mi Lan 🤢🤢🤢, pero una vez más me has hecho pensar en una cosa y me has llevado al final hacia otra. Y mira que hasta me han dado pena esos bichitos antipáticos y pegajosos. Genial princesa, me siento como uno de ellos cuando leo lo rebién que escribes!
    Besetes asépticos y desinfectados 💕💕💕💕

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  4. Pingback: Breverias XIII – jm vanjav hasta en 500 palabras

  5. Reflexionando en voz alta

    Conforme avanzaba en el relato, buscaba con frenesí respuestas.
    Comencé pensando en un aborto, luego en una mascota perro y por fin…con el picor llegó el resultado.
    Como siempre exquisita escritura.

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  6. Ha habido una bloguera que me ha hecho un espoiler de este post. Hay gente malvadilla 😈 Pero a pesar de eso me ha encantado la historia de ese guerrero piojil luchando contra el enemigo. Mi madre no se andaba con rodeos, ni lociones, ni champús ni liendreras, el pelo rapado al cero o al uno. Tengo alguna foto como para enmarcar. Eran otros tiempos claro, tiempos en los que yo tenía hasta …pelo 😥 En fin vaya mi solidaridad con esas liendres y mi aplauso para ti. Y mis lágrimas por la añoranza del flequillo. En el fondo soy un sentimental.
    Un abrazo compañera 😘

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  7. Pingback: Mis blogs seguidos:Tristeza, Pulpo, Fílmica, Ruido, Guerra, Jardinero, Otaku … y muchas perlas más. | Esas pequeñas cosas

  8. Toda plaga es lo q tiene… va uno pone el. Campamento y se apuntan un trillón …
    creo q también se da en humanos aughhh me horripila aún más porque a estos no se les puede echar cucal o filvit… jajajaj

    Besitos 😚 mi bella

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