El levante me trajo y también te llevó

Mis pies no han vuelto a tocar la orilla desde aquel día en que la marea, sabedora de mis intenciones, se resistió bajando hasta límites insospechados, intentando llevarme de nuevo al lugar de donde había escapado.

Ni un respiro me dieron las olas, ni un segundo para coger aire desde que la patera volcó y todos caímos al agua.

La luna intentó ayudarme, zafándose de unas nubes que jugaban al escondite. Pedí ligármela para que todas salieran volando, pero no quisieron hacerme caso.

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Resistir en el abandono, arremetiendo con fuerza

Me resistí, intenté convencer al resto para que no abandonaran el cuerpo que les albergaba. Era duro luchar contra corriente, lo sé, pero qué nos quedaría si nos rendíamos. ¿Deambular en busca de alguien que quisiera acogernos? No es fácil que otros quieran quedarse con lo que se ha desechado.

Busqué a ciegas los lugares clave en los que siempre me respondía. En soledad recorrí sus rincones, pulsé sus teclas para hacerle reaccionar. Repetí las tácticas que tantas veces me habían hecho triunfar, haciendo que la pasión se desbocara y el amor le llevara al desenfreno. Ni un músculo se le movió, ni un gesto que me alentara a continuar con la incitación.

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Hasta el cielo y más allá ¿me quieres?

—Avanza un paso, ha llegado el momento.

—No sé si estoy lista. Quizás deberíamos dejarlo.

—Estoy pegado a ti. A tu espalda. No voy a soltarte. El miedo no entra en nuestros planes.

Su mano me empuja suavemente hasta el borde sin yo oponer resistencia. Nunca he sabido negarme a sus deseos.

La valentía ha brillado por su ausencia a la largo de mi vida. He ido cumpliendo las expectativas de los que me rodeaban, haciéndome sentir útil, indispensable.

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Desviada del rumbo que marcará su destino

De bote en bote estaba el andén y ya con la piel ajada y las carnes descolgadas de tanto botar, llegué hasta el borde señalado por donde el tren ha de pasar.

Aún tengo en la memoria la tersura que recubría un interior firme y prieto. La seguridad del retroceso al impactar con el suelo, me hace temblar de placer al recordarlo.

No dudaba al golpear, ni fallaba en el sitio exacto a donde quería llegar. Al milímetro medía mis pasos y si al final no encontraba lo que andaba buscando, regresaba para comenzar con más fuerza hasta dar con el final deseado.

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Labios acallados que gritan en silencio

Ahora sé que la madera sobre la roca no gira, pero entonces, solo pensaba en ceñirme unas cintas de raso bien fuerte y dar vueltas de puntillas, para escapar sobre unas zapatillas que no tenía.

No hay más mundo que el que rozas bajo tus pies descalzos. A los cinco años, los sueños llegaban hasta donde las piedras formaban una gran mole en el horizonte.

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